POSADAS 1900-1936

Realidad político-social en el primer tercio del S.XX

Libro de Joaquín Casado Bono

Es hoy este casino el único existente en el pueblo, y desde luego el de más larga vida Su fundanción obedeció a los deseos de un grupo de señores que querían organizar una sociedad para para el cultivo y fomento de la música, y para ello después de muchas reuniones preliminares que tuvieron lugar en la casa hoy conocida como la del “dominó” en la calle Calvo Soltelo, surgió la entidad que se denominó “Sociedad Filarmónica”, y cuyo reglamento fue aprobado el 31 de Diciembre del 1906.

Al cabo de dos años reformó sus reglas y con ellas la denominación, pasando a titularse “Centro Filarmónico de Posadas”, y cuando a escaso tiempo de esta titulación acierta a venir el rey Don Alfonso XIII a pasar una temporada a Moratalla y se les ocurre a la directiva y músicos ir a darle allí un concierto, el monarca les recibe con sumo agrado y amabilidad, y al oír el pasodoble “Bohemios” no pudo contenerse y pidiéndole al maestro la batuta dirigió personalmente la orquesta que volvió a atacar el mismo pasodoble muy de real agrado. Parecía como si el improvisado maestro hubiese ensayado muchas veces con los músicos, pues la interpretación fue perfecta, y al terminar estos, llenos de orgullo y emoción prorrumpieron en gritos de ¡Viva el Rey! y Su Magestad entrando un momento en sus habitaciones, salió portando una fotografía suya en uniforme de húsares de la Princesa en la que de su puño y letra estampó: “Al Real Centro Filarmónico de Posadas Alfonso XIII”.

A su regreso a Madrid, mandó publicar en la Gaceta una Real Orden de fecha 24 de Marzo de 1909 en la que ratificando la concesión espontánea hecha en Moratalla, y ya con el refrendo de su gobierno, se le concedía a nuestro casino el derecho de ostentar en lo sucesivo el título de “Real” antepuesto a su denominación, y a usar la corona en sellos, timbres de cartas, puertas y en cualquier lugar donde pudiese ostentar con el debido decoro.

“El monarca les recibe con sumo agrado y amabilidad, y al oír el pasodoble “Bohemios” no pudo contenerse y pidiéndole al maestro la batuta dirigió personalmente la orquesta”

El ya Real Centro Filarmónico de Posadas, agradecido a su vez, nombró al Rey su maestro de música y Director de orquesta perpetuo.

Al cabo de medio siglo, cuando me contaba estas cosas mi buen amigo Don José Moreno Siles, que fue uno de los músicos de aquella orquesta, no podía ocultar la emoción que el recuerdo le producía, y las lágrimas le afloraban a los ojos.

Como el principal de la sociedad, según su reglamento es el cultivo y enseñanza de la música, tuvo hasta el año 1936 una academia en la que se impartían clases de solfeo y de los distintos instrumentos, habiendo salido un gran plantel de músicos, de los que desgraciadamente van quedando muy pocos y ya bastante mayores. Varios maestros ha tenido el casino, y entre ellos son dignos de recordarse Don José Garrido de la Vega, que ya conoce el lector; Don Eusebio Alins Juanós y Don Joaquín Ronquillo y el malogrado Don Blas Torres de León, ejecutado bárbaramente el 23 de Julio de 1936. Por sus excentricidades, sin duda el más célebre fue Don Eusebio, y una de las que comedió, y no la menos, fue vestirse un buen día de riguroso negro, preparar su alcoba como cámara funeraria o capilla ardiente con cuatro cirios encendidos alrededor de la cama, y hecho esto, abrir de par en par la ventana de la calle y tenerse boca arriba en el lecho con las manos cruzadas, guardando una absoluta quietud. No tardó en pasar alguien que admirado por el cuadro de exponer lo que creía un cadáver como si fuera un escaparate, se paró a verlo, y después otro y otro… hasta que se aglomeró un gran gentío, y todos decían: ha muerto Don Eusebio, qué lástima. Unos afirmaban que lo habían visto bueno y sano por la mañana, otros que por la tarde, y todos se hacían las clásicas y filosóficas consideraciones del caso: no somos nadie, hoy vivos y mañana solo Dios sabe como estaremos.

Cuando el falso cadáver lo creyó oportuno se incorporó y mirando a los aturdidos y aterrorizados espectadores, con voz de ultratumba y cara de circustancias les dio las buenas noches y cerró la ventana. Comentarios los hubo para todos los gustos y al fin todos coincidían en que el tal maestro debía tener perturbadas sus facultades mentales.